Del evento sostenible al evento circular: el cambio que ya está en marcha
Durante años, hablar de sostenibilidad en eventos ha significado introducir mejoras concretas dentro de un modelo de producción que, en el fondo, seguía siendo lineal. Reducir plásticos, ajustar consumos, trabajar con proveedores locales o incorporar materiales reciclados. Son decisiones valiosas, pero insuficientes si el proyecto sigue concebido para un solo uso y sin un plan claro para lo que ocurre al terminar.
Ahí es donde entra la circularidad como una forma más precisa de producir. El cambio está en dejar de pensar únicamente en el montaje y empezar a tomar decisiones que tengan en cuenta el desmontaje, la reutilización y la trazabilidad de los materiales desde el inicio.
Diseñar pensando en lo que pasa al terminar
Uno de los cambios más importantes está en la escenografía. Muchas producciones siguen resolviéndose para funcionar muy bien durante unas horas o unos días, pero sin prever qué ocurrirá cuando todo se desmonte. Eso genera estructuras difíciles de separar, piezas que se dañan al desmontarlas y materiales que acaban mezclados de forma que ya no pueden recuperarse con facilidad.
Trabajar con una lógica circular obliga a plantear otras preguntas desde el inicio: cómo se desmontará una estructura, qué partes podrán guardarse, cuáles podrán reutilizarse en otro proyecto y cuáles conviene evitar porque complican todo el final del proceso. Esto afecta de forma directa a las uniones, a los acabados, a los formatos y al tipo de construcción que se elige. Cuanto más fácil sea desmontar, clasificar y volver a usar, más eficiente será la producción.
Este enfoque ya se está aplicando en grandes formatos itinerantes. En IBM Think on Tour, desde Flow desarrollamos y construimos junto a GPJ una arquitectura pensada para reutilizarse en las distintas paradas europeas del roadshow. El montaje, producido inicialmente para Madrid, se adaptó y volvió a utilizarse también en ciudades como Berlín, París o Londres. Es un ejemplo claro de cómo la circularidad empieza en la fase de diseño y producción, y no al final del evento.
Reutilizar tiene que ser un criterio de partida
La reutilización no debería aparecer al final, cuando el evento ya está producido y sólo queda ver qué puede salvarse. Si se quiere trabajar de verdad con una lógica circular, la reutilización tiene que entrar al principio del proyecto. Eso significa priorizar sistemas modulares, estructuras adaptables, elementos alquilables y soluciones que puedan reconfigurarse para distintos montajes.
En la práctica, esto supone trabajar con familias de piezas que sirven para múltiples configuraciones: mostradores de bienvenida de distintos tamaños, soportes digitales, módulos expositivos o zonas demo que pueden crecer, reducirse o cambiar de distribución según cada espacio. Cuando el sistema se diseña así, reutilizar deja de ser una opción y pasa a formar parte del propio proyecto.
En términos de producción, esto reduce la dependencia de fabricar desde cero cada vez. También permite aprovechar mejor los materiales y estructuras ya existentes, optimizar el almacén y tomar decisiones más coherentes entre presupuesto, diseño y vida útil. Estas decisiones no tienen por qué afectar a la creatividad, pero sí es cierto que hay que aplicarla con un criterio más sostenible y buscar soluciones no basándonos únicamente en si son nuevas, también debemos fijarnos en si pueden seguir funcionando después.
Elegir materiales con trazabilidad
Otro cambio clave está en la selección de materiales. En sostenibilidad, a menudo se ha puesto el foco en usar materiales con cierta reputación ambiental, pero eso no siempre garantiza un mejor resultado. Un material puede parecer sostenible sobre el papel y dejar de serlo en la práctica si está combinado con otros, si no puede separarse bien o si no existe una vía real para reutilizarlo o reciclarlo después.
Por eso la trazabilidad gana peso. Saber de dónde viene un material, cómo se ha fabricado, qué composición tiene y qué opciones ofrece al final de su uso es una información necesaria para producir mejor. Cuanta más claridad haya sobre ese recorrido, más fácil será tomar decisiones útiles y evitar materiales que, aunque funcionen bien en montaje, se convierten en un problema en desmontaje.
La circularidad se decide en producción
Está claro que la circularidad no depende solamente del diseño. También depende de cómo se trabaja con talleres, proveedores, logística y montaje. Si esa red no está alineada, es muy difícil que una intención circular se traduzca en decisiones reales. Por eso este cambio tiene menos que ver con el discurso y más con la operativa: planificar mejor, elegir sistemas viables, prever recuperaciones y reducir todo lo que obliga a fabricar para una sola vez.
En proyectos multicity o itinerantes, además, entran en juego otros factores decisivos: fabricación local cuando aporta eficiencia, talleres con capacidad de réplica, rapidez para ajustar piezas y una logística preparada para mover materiales entre ciudades sin rehacer cada montaje desde cero. Sin esa capa operativa, la circularidad se queda a medias.
Además, avanzar hacia modelos circulares reduce impacto ambiental y mejora la reputación de marca, ayuda a anticipar exigencias regulatorias, optimiza recursos y procesos, refuerza la diferenciación frente a competidores y abre nuevas vías de innovación en diseño, producción y experiencia. La sostenibilidad bien aplicada deja de ser un coste añadido para convertirse en una ventaja operativa y estratégica.
En el fondo, pasar del evento sostenible al evento circular significa dejar de sumar acciones aisladas y empezar a trabajar con un criterio más completo. Un criterio que mira todo el ciclo de vida de lo que se produce y que ayuda a tomar decisiones más inteligentes desde el principio. Hoy ya no basta con que un evento funcione bien mientras está montado. También importa qué pasa con él cuando termina. Y, cada vez más, también importa qué valor sigue generando después.